La logopedia es una profesión sanitaria y como tal, la anatomía y la fisiología constituyen la base para rehabilitar. Una de sus ramas de trabajo es la terapia miofuncional, centrada en el conocimiento profundo de estas estructuras para recuperar las funciones orales no verbales. No obstante, más allá de esta especialización, cualquier logopeda debe conocer la anatomía de las estructuras implicadas en el habla.
Y es que la anatomía no solo es requerida para rehabilitar la musculatura orofacial y las funciones orales no verbales; su conocimiento también es necesario para comprender el funcionamiento de nuestro cerebro, las secuencias motoras para la producción del habla y el procesamiento auditivo.
Por tanto, el conocimiento profundo de la anatomía y fisiología no es sólo un requisito teórico, es el mapa imprescindible para cualquier intervención logopédica eficaz. Articular una palabra o deglutir una comida requieren de una secuencia de movimientos musculares y estructurales cuya ejecución funcional puede verse alterada ante un fallo en cualquiera de estas estructuras.

¿Qué anatomía es imprescindible conocer como logopeda?
Aunque sabemos que el cuerpo hay que entenderlo como un todo —ya que una alteración localizada, como la anquiloglosia, puede repercutir desde la postura hasta los pies—, es evidente que para las logopedas existen estructuras con una relevancia clínica más directa. Sin olvidar que esta interrelación entre músculos y estructuras puede impactar en zonas distales (lejanas) y deberemos de derivar al especialista correspondiente (fisioterapeuta, terapeuta ocupacional) cuando el tratamiento así lo requiera.
Por ello, es impensable estudiar la anatomía de forma aislada; debe hacerse bajo un enfoque morfofuncional. Es decir, es necesario conocer no solo el músculo (su forma, función y ubicación), sino también la estructura a la que pertenece. Estos músculos y estructuras se organizan en sistemas que se interrelacionan entre sí a través de los elementos que comparten. Para las logopedas, los sistemas más importantes son: el estomatognático, el respiratorio, el fonatorio y el nervioso.
- Sistema estomatognático: es el núcleo de la logopedia. Es la unidad morfofuncional que integra las estructuras de la cavidad oral, el cráneo y el cuello. Su equilibrio es vital, ya que coordina funciones biológicas esenciales (succión, deglución, masticación y respiración) y permite el desarrollo craneofacial adecuado, además de ser el soporte físico para la articulación del habla y la mímica facial. Un mal funcionamiento en alguna de estas estructuras, puede afectar a todo el cuerpo.
¿Sabías que la lengua está compuesta por 17 músculos diferentes?
- Sistema respiratorio: es el soporte vital y el regulador de la estabilidad funcional del organismo. En logopedia, este sistema es de gran importancia, ya que no sólo es necesario para que se produzca la voz (fonación), sino que garantiza la seguridad de la vía aérea mediante el reflejo de tos y coordina las funciones vitales (succión-deglución-respiración). Asimismo, la ventilación nasal es determinante para el desarrollo crecimiento facial, la estabilidad postural y el equilibrio de la musculatura orofacial.
El diafragma es nuestro centro para que todo el cuerpo funcione armónicamente.
- Sistema fonatorio: la laringe es la protagonista de este sistema. Esta estructura cartilaginosa y muscular cumple una función biológica vital: proteger la vía aérea de la entrada de cualquier cuerpo extraño. Es un eje central que conecta entre sí los sistemas anteriormente descritos, desempeñando funciones específicas en cada uno de ellos. En el sistema fonatorio, la laringe es la encargada de transformar el flujo aéreo en sonido, permitiendo la producción de nuestra voz (fonación).
La laringe se encarga de proteger la vía aérea, regular la respiración, facilitar el esfuerzo torácico y producir la fonación.
- Sistema nervioso: es el director de orquesta que coordina y regula la actividad de los sistemas anteriores y de la totalidad del cuerpo. Se encarga de enviar las órdenes motoras precisas para el habla y la deglución, además de procesar la información sensorial y auditiva necesaria para la comunicación. Dominar tanto el sistema nervioso central (donde residen las áreas del lenguaje) como el periférico (pares craneales) es clave para la logopeda; esto permite realizar un diagnóstico diferencial entre una afectación puramente mecánica y una lesión neurológica (como afasia o disartria).
Recuerda: el cuerpo es un todo y su director de orquesta es el cerebro.
Entender la anatomía y la fisiología bajo el enfoque morfofuncional nos otorga la seguridad clínica necesaria para diseñar planes de tratamiento personalizados y efectivos. Como logopedas, nuestra mirada debe ser capaz de ver más allá de una palabra mal articulada o una deglución atípica-disfuncional; debemos identificar la causa y visualizar el engranaje de músculos, nervios y presiones que fallan en ese proceso. Al final, dominar el mapa del cuerpo humano es lo que nos permite acompañar a nuestros pacientes de manera integral, devolviéndoles no solo la funcionalidad, sino también su calidad de vida y su capacidad de conectar con el mundo.
Comprender que las dificultades en el habla o en las funciones orales son el resultado de una alteración en la sinergia de la anatomía implicada nos permite intervenir con precisión. Sin embargo, este enforque también nos recuerda que el cuerpo es una unidad indivisible: saber dónde termina nuestros límites y comienzan los de otros, es imprescindible para trabajar mano a mano con otros profesionales. Solo mediante esta visión interdisciplinar garantizamos que el paciente recupere su bienestar y equilibrio global, más allá de una función aislada.
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